Subgraves vs medios graves: el dilema que arruina masters

Uno de los errores más comunes en mastering está en los graves. Si cargas demasiado los subgraves, tu master se jode fuera del estudio. Si abusas de los graves medios, todo suena gordo pero embarrado. La clave no es elegir: es equilibrar.

Subgraves vs medios graves: el dilema que arruina masters.

 

En mastering hay una guerra silenciosa que muchos ni se plantean: subgraves (20–50 Hz) vs medios graves (80–150 Hz).
Es un combate sutil, pero que marca la diferencia entre un master que emociona en cualquier sistema y uno que solo suena bien en tu estudio.

El problema es que si te pasas con cualquiera de los dos, estás condenado: o a un master vacío, o a un master embarrado. Y ninguna de las dos cosas es buena.

El peligro de pasarte con los subgraves

En monitores grandes, un exceso de subgraves puede sonar “profundo”, incluso espectacular. El problema es que en la mayoría de sistemas —auriculares normales, altavoces pequeños, el móvil, el coche— esas frecuencias simplemente no existen. No se reproducen.

Esto quiere decir que el resulado es un master que en el estudio parecía potente, pero que en la realidad suena hueco y sin cuerpo. Es como construir una casa con sótano enorme y paredes de papel: en cuanto alguien la mira desde fuera, no impresiona nada.

El riesgo de abusar de los medios graves

Si en lugar de los subs te apoyas demasiado en los medios graves (80–150 Hz), consigues otra cosa: que el master suene con más “peso” en casi cualquier sistema. Suena gordo, sí, pero también torpe. Esa acumulación de energía tapa la pegada del bombo, emborrona las voces y le roba definición a la canción.

Es el típico master que impresiona al principio, pero a los dos minutos fatiga. Porque todo está lleno, todo ocupa y nada respira.

La clave no es elegir: es equilibrar

Este no es un dilema de “subgraves o graves”. La clave está en equilibrar ambos para que trabajen juntos y se traduzcan bien en cualquier altavoz.
Aquí tienes tres pasos para no joderla:

  • Escucha en sistemas pequeños. Si solo oyes “aire” y nada de cuerpo, te has pasado con los subs.

  • Compara con referencias. Igualando volúmenes, escucha qué pasa entre 60–120 Hz. Ahí suele estar la diferencia entre un master profesional y uno amateur.

  • EQ quirúrgica. No tengas miedo de cortar en 20–30 Hz si no aportan nada. Y si la mezcla está embarrada, abrir un hueco en torno a 120 Hz puede devolver claridad y pegada.

Un master sólido no retumba: emociona

Los masters que mejor funcionan no son los que hacen temblar el suelo de tu estudio, sino los que mantienen la pegada del bombo y el cuerpo del bajo en cualquier sistema de escucha.
Eso es lo que emociona al oyente y lo que marca la diferencia entre un trabajo amateur y uno que suena sólido, profesional y coherente.

¿Tus graves emocionan o fatigan?

Si tus masters pierden cuerpo en auriculares normales o suenan embarrados en altavoces pequeños, no es el equipo: es cómo trabajas los graves. El equilibrio aquí es lo que separa un master que engancha de uno que nadie quiere volver a escuchar.

 

En The Mastering Experience te enseño a trabajar los graves con precisión quirúrgica, a equilibrar subs y medios graves para que tu master emocione en cualquier sistema y a tomar decisiones con criterio real, no con fórmulas.
Descubre cómo aquí.

No es para cualquiera, pero si estás listo para dejar de pelearte con los graves y empezar a dominarlos de verdad, ahí te lo explico todo paso a paso.

Sobre mi:

Soy Txema Moliner y me dedico al Mastering profesional. Más de 15 años trabajando con sonido, con artistas que llevan años en la escena y he enseñado a miles de personas a sacar el máximo a su música. Aquí no vas a encontrar trucos mágicos, solo sonido con criterio.

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